Por José María Ferrero, S.J. - Jueves 5 de julio 2012
Estamos en plena efervescencia social a través de las luchas campales de alumnos de la carrera de magisterio. La respuesta lógica no vendrá ni por la imposición de las autoridades del Ministerio de Educación ni por los gritos, piedras y palos de los inconformes con un nuevo plan de estudios. Aunque parezca una utopía a estas alturas, antes de llegar a un verdadero diálogo entre ambas partes del conflicto, lo más útil y eficaz sería que los propios maestros de Primaria y los candidatos a ser docentes en las escuelas del país, fueran capaces de hacerse una sincera autocrítica sobre la formación que reciben actualmente en las diversas Escuelas Normales.
Guatemala es de los pocos países de Latinoamérica donde la carrera de Magisterio no tiene nivel universitario. Por más respeto y solidaridad que nos merezcan los maestros de Primaria, debemos reconocer que un pénsum como el actual es insuficiente para aportar las herramientas necesarias que les capacite de manera integral en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Deberían ser los propios estudiantes y docentes comprometidos con el futuro, los que hicieran una auténtica autocrítica de las limitaciones y deficiencias que han experimentado tanto en el tiempo de formación como en los primeros años del ejercicio profesional. Un joven que sale del ciclo Básico, con unos trece años, y con tres años más de “magisterio” (16 años), no puede estar en condiciones psíquicas y pedagógicas propicias para ponerse al frente de un aula donde hay jóvenes de 10 o más años.
El problema no se reduce a un simple cambio en el Plan de Estudios, sino a un enfoque global de las exigencias que debe tener la educación para una Guatemala del siglo XXI, donde los niños no solo aspiren a saber leer y escribir su propio idioma, sino a tener a su alcance los medios necesarios que les conviertan en ciudadanos conscientes, responsables y capaces de pensar por sí mismos. Es evidente que una mayor exigencia curricular a los maestros debe ir acompañada de una mejora significativa en sus salarios… No podemos pedir más sacrificios e inversión a los futuros docentes cuando hoy por hoy se les considera cuasi-parias de la sociedad guatemalteca.
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