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Editorial

Municipalidad altense: ¿casa de beneficencia?

Por Editorial - Sábado 14 de julio 2012

El Gobierno local de Quetzaltenango no está sintonizado con su realidad. Si fuera una empresa privada estaría en bancarrota. Sus bondades y beneficios con sus trabajadores son similares al de una empresa en bonanza.

Por esa actuación diferida con la crisis, la Municipalidad, especialmente quienes aprobaron aumentos de salarios y bonos, es decir, el alcalde Jorge Barrientos e integrantes del Concejo, van a tener que dar explicaciones y no precisamente a la población, porque parece no importarles, sino que a la Contraloría General de Cuentas, CGC.

Por sentido común el aumento no procede, menos que sea retroactivo a enero. A pesar que existan presiones sindicales o bajo el pretexto de un Pacto Colectivo, porque si no hay capacidad de pago, ¿qué se puede hacer?

Es sencillo y claro, así como se dice comúnmente, si la chamarra no cubre todo, es imposible estirarla.

Los malabares internos que hará la administración de Barrientos serán sujeto de investigación por parte del ente fiscalizador, porque es difícil justificar un aumento en tiempos de escasez.

El alcalde y su Concejo pudieron haber incurrido en faltas o delitos por estos avales, por los que podrían ser sancionados y multados; además se conoce que hay reincidencia de parte de la Municipalidad en estas decisiones que afectan la inversión pública, porque cada vez aumenta más el gasto de funcionamiento que representan los 920 empleados ediles.

Creemos que nadie se opone a un aumento cuando es justificado, es decir, justo y acorde a las capacidades.

En estos tiempos las familias necesitan mejores ingresos, eso nadie lo puede negar ante la situación económica generalizada. Pero los empleados en el quehacer público de la ciudad no deberían tener esos beneficios por razones obvias. Especialmente dos, porque no hay capacidad municipal y porque su trabajo no representa mejoras para la población.

Un aumento en la comuna debería ser consecuencia del rendimiento de los trabajadores, con ello además, sería un incentivo.

Si preguntáramos a los quetzaltecos en general, que de acuerdo al estado de la ciudad, por lo menos, sólo del ornato, si los trabajadores municipales se merecen un aumento de salario, estamos casi seguros que la respuesta sería negativa.

Las decisiones municipales están golpeando al municipio, porque no lo debemos ver como un simple aumento de Q220 a cada trabajador, sino verlo en general, porque ese incremento por los 920 trabajadores, al mes representa un desembolso extra de más de Q200 mil; y al año, suma más de Q2 millones 400 mil.

Y como si esto no fuera suficiente, recientemente el Concejo aprobó un bono extra de Q50 a cada trabajador, el que se suma a un existente de Q400; todo adicional al Bono 14.

Con decisión y sin miedo a costos políticos, la comuna podría parar esos aumentos que solo vienen a debilitar la gestión pública y a evidenciar que la administración está a la deriva.

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