
"La poesía carece de lógica, es una fuerza, un rayo que cae e impacta", indica Daniel. Foto elQUETZALTECO: Flor de María Pérez
Por Flor de María Pérez - Sábado 28 de julio 2012
El escritor quetzalteco, radicado en Costa Rica, Daniel Matul Romero presentará esta noche su libro "Cuatro caminos", en el marco del III Festival Guatemalteco de Poesía que le fue dedicado.
A través de versos concisos, escritos con un lenguaje alejado de lo pretencioso, Daniel Matul Romero logra transmitirnos su admiración por la cotidianidad, la vida y la naturaleza.
¿Cómo recibe el homenaje que le rinde el Club de Poesía Casa Los Altos dedicándole su festival?
“Cuando me avisaron por primera vez que sería el homenajeado del festival, pensé que se habían equivocado. Soy un escritor que vive fuera, con poca obra publicada en Guate, un desconocido que la gente se preguntará de dónde salió. Para mí, más que un homenaje es un compromiso para seguir por el camino que aún me hace falta recorrer, para seguir escribiendo y que mi vida gire alrededor de la poesía”.
Es un festival nacional, pero usted ha vivido muchos años en Costa Rica ¿Se siente más guatemalteco o costarricense?
“Soy un guatemaltico o quetzaltico, por la mezcla evidente entre mis raíces y las ramas que están en San José –capital costarricense-. Cada vez que vengo a Xela me siento como en casa, la ciudad es cálida, la gente es sumamente amable y cariñosa y mi familia vive aquí”.
Tengo entendido que ha compartido con los integrantes de Casa Los Altos sobre sus experiencias literarias.
“Cada vez que vengo a Quetzaltenango trato de reunirme con ellos. Al club llegan personas como los integrantes del Grupo Literario Los Quijotes, por ejemplo, y poetas más jóvenes con una línea de escribir completamente distinta a los primeros. Leemos poesía, hablamos y tomamos café. Para mí ha sido enriquecedor escucharlos y aprender de lo que están haciendo”.
En esta visita también presentará su libro “Cuatro caminos”, el segundo de Metáfora Editores. ¿Qué nos puede contar al respecto?
“Quince de los poemas de ‘Cuatro caminos’ fueron premiados por la Embajada de Japón en Costa Rica, en el Certamen de Haiku –poesía tradicional nipona-, pero fueron escritos en Guatemala. El libro busca rescatar la tradición de la poesía corta de Humberto Ak’abal y de la japonesa.
Es el encuentro de un poeta que vive en San José, pero es quetzalteco –el autor-, sus dos primeros caminos; y una influencia de la poesía indígena guatemalteca de Humberto Ak’abal y de la creación japonesa del Haiku, que completan los ‘Cuatro caminos’.
También es el nombre del lugar donde es necesario pasar para llegar a Xela, donde uno siente que ya está en casa. El libro espera plasmar, a través de una imagen muy breve, momentos de calidez, forma de ser, idiosincrasia, cultura y viveza que veo cuando paso por Cuatro caminos”.
Al igual que el Haiku y la obra de Humberto Ak’abal, sus poemas muestran la naturaleza y la vida de forma paralela.
“En los últimos años he incorporado la experiencia del bosque guatemalteco y centroamericano a mi poesía. Esa imagen que veo cuando el bus para en Cuatro caminos, cuando vengo al Parque de Xela y capto un cuadro de la ciudad, de la forma de ser de la gente del Altiplano, en una imagen breve que diga algo con pocas palabras. Si usted me pregunta cuál es la síntesis de esto, le diré que es el choque entre sonido y palabra; cuando los sonidos se encuentran con una palabra, generan una imagen”.
¿Desde cuándo están presentes Humberto Ak’abal y el Haikú en su vida?
“El Haikú desde siempre, porque me encanta la poesía y el cine japonés. A Humberto Ak’abal, lo conocí de pura casualidad en un aeropuerto y creo que ya tengo todos sus libros; su influencia es de hace como diez años”.
¿Cree que este libro es bueno para comenzar a leer poesía?
-Risas- “Creo que sí, pero igual recomendaría que escucharan al Buki y a la Sonora Santanera, o que leyeran a Juan Gelman y a Julio Cortázar. Para llegar a la poesía hay muchos caminos; para llegar a este libro fueron cuatro caminos’”.
¿Vendrán más publicaciones?
“Estoy trabajando en dos textos, uno inspirado en la música de la Sonora Santanera que se va a llamar ‘Luces de Nueva York’ y una novela corta sobre una mujer que entra al cine, busca su asiento y se pierde, como cuando alguien llega a una ciudad y no encuentra el camino”.
¿Esto simboliza algo?
“Sí, es simbólico de nuestra neurosis al andar en busca de cosas que a veces no encontramos”.
¿Y usted que busca?
“Siempre estoy en busca de escribir uno o dos poemas por día”.
Cuando mencionó a Julio Cortázar imaginé que sería un relato surrealista.
“Yo leo a Julio Cortázar porque es un tipo que hace algo tan fantástico de cosas tan comunes, como una persona abriendo un sobrecito de Alka Seltzer y echándolo a un vaso.
Yo parto de la idea de que los escritores no somos seres excepcionales, no estamos en una nube, no bajamos del cielo; somos seres normales que somos golpeados por las cosas sencillas y eso nos motiva a escribir.
Yo para escribir no tengo un ritual, ni planificación, porque la poesía me lo desarma todo. Cuando escribo, en vez de musas me llega una araña, un naipe, una mesa… Escribir es enteramente mortal, humano, hasta mundano y carnal, una experiencia humana traducida a poesía”.
Pero se debe tener sensibilidad, porque no todas las personas se dan cuenta de lo que sucede alrededor.
“Creo que sí, quizás sólo las personas que escriben. Yo no puedo explicar por qué escribo, lo mío no es racional, es como una fuerza, como un rayo que cae de repente; sólo sé que hubo un rayo porque veo su efecto. Lo importante es cómo hacerle para atraer más”.
¿Buscar nuestras propias formas de hacer un rayo?
“Sí, como enfrentar una hoja de papel en blanco y hacer algo completamente nuevo. Salir todos los días a la calle y dejarte golpear por todo. Esto significa que cierro mi parte racional y vivo la poesía a través del corazón y otros sentidos”.
¿Esto quiere decir que ya no relee o cambia sus poemas?
“No, siempre leo y retrabajo; he rayado muchos poemas, pero nunca he deshecho uno. Por ejemplo, el título original de ‘Noche de ronda’, era ‘Indocumentado’ y lo mandé a concursar a los Juegos Florales Hispanoamericanos y no ganaron. Pero volví a trabajar, reescribí algunas cosas, busqué otro nombre y fue diferente el resultado”.
¿Cuál es su poema favorito de “Cuatro caminos”?
“El poema 33, que dice: ‘Estás dormida, una luna te cuida y un grillito te canta”.
El mío es el último, porque representa un inicio.
"Exactamente, el próximo camino que no sé cuál será".
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